Opinión en Galicia

Buscador


autor opinión pseudónimo

Editorial

Ver todos los editoriales »

Archivo

Pepa La Loba

miércoles, 19 de diciembre de 2007
A Pepa la Loba y a Juan Quinto los presentó la Señora Mitología Popular Gallega como ideales para ver un drama que tal vez nunca fue, pero que nos entra en la cabeza como real por los efectos de la misma magia que tienen los anuncios de vender gaseosas. Pepa la Loba es una bandolera imaginaria, capitana de bandoleros, aunque hay quien osa asegurar que vivió por la segunda mitad del siglo XIX y que en todas las comarcas de Galicia que dicen que anduvo existen noticias de sus andanzas. Hay relatos de ella desde la posada de Isidoro en el Carrizo, Villalba, hasta el Alto del Campelo de la Regueira cerca de Folgoso del Courel.
Juan Quinto podía ser Antonio Rodríguez Otero, nacido en Araño, Rianxo, allá por el año 1847, procesado y reclamado por la justicia en muchos juzgados de Galicia. Pero también podía ser aquel conocido en Andalucía: "Soy Juan Quinto / Gran ladrón de Andalucía / que a los ricos robaba / y a los pobres socorría”. Pero en todos los casos es confundido. Él, igual que Pepa la Loba, es el prototipo de bandido fiero y sanguinario con los ricos y generoso con los pobres. Cuando era niño robaba harina en su pueblo natal y luego se hizo bandolero. Se rodeó de hombres como el Navajas, Latovas, Granadero de Vilas, Caghicho, Barreiro… además de algunos esporádicos como su compadre Antón de la Devesa, que es uno de los protagonistas trágicos de esta obra que desatendía y maltrataba a su mujer y a sus tres hijos por atender a las amantes.
Una vez, en Galicia, una mujer, por efecto de un encanto se convirtió en serpiente y un hombre quiso matarla y quemarla. Con sus cenizas iba a tiznarse las piernas para meterse en la espesura. Así, ninguna serpiente ni otro animal venenoso lo mordería y él podría dormir tranquilo durante muchas noches. Pero un rey mouro pasaba por allí, venía de librar cruentas batallas. Con él venía su hijo Ferabrás. Era alto y rojizo, un verdadero guerrero y él y su padre le dieron muerte al hombre que quería matarla. Ella, en agradecimiento le regaló al rey un peine de oro con el que peinaba sus cabellos y el rey lo cogió como recompensa. En aquel lugar dicen que existe una laguna y debajo de ella una ciudad. Los que se acercan a las orillas pueden escuchar las campanas, cantar a los gallos y latir los corazones. Sólo tienen que tener cuidado de una cosa, no pisar las flores. Dicen que de aquella serpiente se inventó la mujer que era como un chorro de luz. En sus ojos se reflejaban los cerros verdes y en su sonrisa los algodones. Sus pasos eran firmes. Donde dejaba sus huellas se alegraban las hierbas y era alta como el tiempo o como dos fuentes que colgaban del cielo.

Cantares de un ciego:
Hombres mujeres y niños / prestad oído y memoria / a las palabras de un ciego / que os va a contar una historia. / En el siglo diecinueve / andando el segundo tercio / nació una mujer valiente / en las tierras de Moedo. / Su madre era muy delgada / en su aldea bodeguera / su padre era un errabundo / era hija de soltera / Pepita era su nombre / sin apellido y sin honra / y tendría en el futuro / un mote: Pepa la Loba. / Cuando era pequeñita / conoció hambre y miseria / y vio como violaban / a su madre con violencia. / Como fruto de aquel día / su madre murió en el parto / y Pepita así tendría / que cambiar de cama y plato. / Al cuidado de Dorinda / tía materna de Pepa / pide limosna y soldada / y es pastora de ovejas. / Sale un día para el monte / va con su perro Luero / cuando ve llegar al lobo / que acechaba en un otero. / Como no conoce el miedo / se le enfrentan ella y Luero / y después de una reyerta / el lobo mató a su perro. / Y su tía aprovechando / la fama de aquella hazaña / manda a Pepita y al lobo / por los valles y montaña. / Y van de aldea en aldea / montando guerra y jaleos / hasta un lugar al que llaman / lugar de los Hormigueros. / Alabada por mayores / perseguida por los niños / decían que era una Loba / apodo que ya dijimos. / Siendo Pepa ya una joven / agraciada y muy hermosa / pronto la emplea su tía / en una tienda de ropa. / En una tienda de aldea / quiere que sea Pepita / pretendida por su dueño / para sacarle partida. / Mas el dueño de la tienda / ningún interés mostraba / él apreciaba a la joven / y como hija la trataba / como era hermano del padre / y tío de la muchacha / la reconoció como hija / y le dio su herencia y paga. / Quiso que aprendiera letras / y a un estudiante llamó / que le enseñara a escribir / y a Pepa le encomendó. / Nada podía ir mejor / Pepita estaba en zafra / pues también el estudiante / de ella enamorado estaba. / No pasara mucho tiempo / cuando el viejo apareció / con un puñal en el pecho / clavado hasta que murió. / Sospechosos de aquel crimen / a los dos mozos prendieron. / Pepa salió con condena / y al estudiante absolvieron. / Se adueñó de la taberna / el estudiante malvado / él y sus falsos testigos / a la Pepa condenaron. / Condenada a la perpetua / conoce impotencia y rabia / y sin haberlo querido / nació en ella la venganza. / Resuelta un día mató / al cura de aquella trena / y vestida con sus ropas / se desató la cadena. / Se presentó en la taberna / con pistola bien ceñida / iba con ella su lobo / haciéndole compañía. / Como le hiciera en el monte / al lobo en otra ocasión / se encaró al estudiante / mas al lobo le azuzó. / Desde entonces convertida / en fiera desvergonzada / al frente de una cuadrilla / libró mil y una batallas. / Fue buscada y perseguida / por la gente y la justicia / por el monte fue a parar / a otras tierras de Galicia. / En las estepas gallegas / ejerció de bandolera / asaltante de caminos / y de mujer ruda y fiera. / Aún recuerdan los más viejos / de Pepa la Loba andanzas / por Germade y por Cospeito / por Muras y Santaballa. / Cometió robos y crímenes / vivió en el monte escondida / hasta que un día quedó / su banda disminuida. / Todos fueron perseguidos / por tanta vida agitada / lasos al hogar volvieron / a entregarse a la labranza. / Pepa vivió con un hombre / que por marido trataba / en una casa en Roupar / que está cerca de Villalba. / Allí moriría un día / en la abejera instalada / viuda y cuidando a un hijo / y no se supo más nada. / El cuento que aquí se cuenta / en este libro artillado / ni es verdad ni es mentira / y tal vez nunca ha pasado. / Pepa la Loba es un mito / que ha vivido mil hazañas / defendiendo a las mujeres / como ella maltratadas. / Atentos pues mis señores / atentas todas las damas / al relato de esta pieza / que les trae sus enseñanzas.

1

En una típica cocina de la aldea gallega del siglo XIX, iluminada pobremente con la luz de un candil. Antón de la Devesa está sentado a una mesa bebiendo una taza de vino tinto, mientras su mujer que barre el suelo de la cocina, habla con él. Ella calzaba zapatillas y vestía faldas largas y descoloridas, una blusa amplia y floja que le cubría casi todo su cuerpo y llevaba un paño en la cabeza, mientras que Antón vestía un pantalón de mahón, camisa oscura, chaleco, una boina y calzaba zuecas.
-Prepárate para una batalla mujer y no afiles los dientes que en unos días no te traigo de comer.
-A eso ya me tienes acostumbrada. Ya nunca me traes nada. Sólo atiendes a las amantes. Aún si trataras bien a nuestros hijos.
-Siempre me estás con los hijos, los hijos. Los hijos son los que me joden. Si no fueran ellos a ti pronto te sacudía.
-¡Calla! que eres peor que la gente ruin (1). Sólo que la gente ruin corre detrás del Benjamín de Abeledo y tú sólo corres detrás de las mujeres.
Los hijos lloran.
-Ruge, blanca flor, ruge, pareces el Buey Bramador (2); y diles a esos mocosos que no lloren que van a inundar la casa.
-He de rugir lo que me dé la gana –dijo ella amenazante.
-Uno ni siquiera puede ir a jugar la partida con los amigos –dijo Antón irguiéndose, sacudiendo la boina y volviendo a ponerla en la cabeza.
-Si tú no tienes amigos; sólo andas con los de la banda de Juan Quinto que son como tú. Sólo que ellos por la noche van para casa y tratan bien a sus mujeres.
-Salgo pitando, que si sigo aquí un poco más, te meto en los corrales a ti y a tus hijos.
-Vete hombre, vete, que desde que empezaron a cantar las golondrinas, andas escar-lata.

2

La banda de Juan Quinto: El Navajas, Latovas, Granadero de Vilas, Caghicho, Barreiro, Ramón y otros esporádicos ocupaban un espacio en la taberna de Isidoro. Todos vestían pantalones de pana, camisa y zamarra de cuero, en la cabeza llevaban un sombrero y en los pies zapatones. El tabernero que vestía camisa blanca con manchas de vino gobernaba detrás de la barra. Su mujer entra y sale moviendo al vuelo su falda floreada, limpia como su camisa blanca protegida por un mandil atado a la cintura. Todos estaban sentados a una mesa que tenía encima unas jarras y unos vasos con vino tinto más unos chuscos.
-Voy a ciento noventa –dijo el Navajas mirando para las cartas abiertas en la mano.
-Yo paso –dijo Granadero de Vilas.
-Yo también -dijo Juan Quinto.
-Paso –dijo Latovas.
-Vamos a ello –dijo Juan Quinto.
-¡Las cuarenta! –dijo Latovas.
-Tabernero, trae más vino que se quedan las jarras secas –dijo Juan Quinto.
-Parece que sois de comarcas lejanas. Os aconsejo que os marchéis enseguida pues pronto va a venir Pepa la Loba –dijo Isidoro acercándose con la jarra llena de vino.
-¿Y por qué le hemos de tener miedo a esa Pepa la Loba? –dijo Juan Quinto.
-Oh, vosotros tenéis los bolsillos llenos de cuartos y ella es una fiera que se rodea de doce hombres armados. Además sois hombres y a ella no le gustan los hombres que hablan mucho y vosotros estáis llenos de vino y habláis hasta por los codos.
-¿Fiera, dices? Pues no se pudo defender de uno que dicen que la violó, ¡ja, ja, ja! -rió el Navajas que parecía conocer alguna cosa de Pepa la Loba.
-Tal vez a la muy puta le gustaba que la violaran, ¡ja, ja, ja...! –rió Barreiro.
Todos se reían. Los sonidos de las risas se oían lejos. Fuera, un perro ladraba.
-Tabernero, sal afuera y haz callar a ese perro y coge la gaita que tenemos más ganas de fiesta –dijo Latovas.
-Vete de ahí Pedro Chosco (3), no me tientes la criada, ni la vistes, ni la calzas, ni le pagas la soldada –le dijo el tabernero al perro.
Los hombres de Juan Quinto estaban muy borrachos. Cantaban, bailaban y se partían de risa. El tabernero sale por la puerta interior a buscar la gaita cruzándose con su mujer que venía con una bandeja de vasos recién lavados. Al verla, el Latovas y el Navajas se acercan a ella hablando con grosería, intentando manosearla y besarla en la boca. Ella trata de zafarse de ellos, chilla y los insulta. Tiene las faldas rasgadas, le vierten vino por la ropa y entre el espacio que dejan los deshilachados de la camisa se apretaban dos montañas. Ella chilla, llora y pide auxilio, pero nadie se atreve a ayudarle. Los hombres, aliados con el vino, convirtieron una partida de cartas en una fiesta nacional y le obligaron a tocar la gaita al tabernero que, entre otros oficios, también era músico. El alboroto se escuchaba en las montañas de Los Ancares.
Al pronto entra Pepa la Loba con dos pistolas ceñidas al cinto. Queda de pie bajo el quicio de la puerta. Destacaban sus faldas oscuras y desteñidas que tapaban sus medias de lana. En la cabeza llevaba un sombrero de hombre y en los pies unos zuecos. Su espalda la cubría con una capa que a veces hacía de manta. La mujer del tabernero corre junto a ella buscando amparo. Todos quedan mudos y paralizados. Deja de sonar la gaita.
-¡Borrachos teníais que estar todos! ¡Diablo de hombres! ¿No sabéis pasarlo bien sin meteros con las mujeres y sin beber como los desagües de las fuentes? ¿Quién sois? Nadie os conoce y a mí no hay alma que no me conozca desde aquí hasta más allá de donde os alcanzan los ojos. Pero supongo que para vosotros esa pregunta es cómo una adivinanza. ¡Borrachos! –dijo Pepa la Loba.
-¿Y quién eres tú?, aunque con los aullidos que has dado es fácil adivinarlo -dijo Juan Quinto que se le había pasado la borrachera al pronto.
-Si sabes quién soy, también sabrás que yo nunca vengo sola y que tengo fama de matar hombres. Sobre todo cuando hablan de más –dijo Pepa la Loba.
Latovas soltó una carcajada.
-Puedes carcajear lo que quieras, pero si abres la boca para decir una sola palabra vas a conocer mí sentencia –dijo Pepa la Loba.
-Y dicen que los hombres somos los violentos y que maltratamos a las mujeres. Pues anda que tú eres buena perra... –dijo Juan Quinto.
-Qué sabrás tú de mí, borracho, mal hombre. ¿De qué iba el espectáculo que estabais montando hace unos instantes? Vosotros ahora no estáis violentos conmigo porque no tenéis cojones. Sólo sois machos con aquellas que os aguantan para que no les mueran sus hijos con el hambre, o aquellas otras que no tienen a donde caerse muertas. A veces ellas tampoco tienen cojones. Si os hubiesen clavado una navaja en la barriga como si fuerais cerdos mientras dormís, asunto arreglado –dijo Pepa la Loba.
-A fe que así a la justicia se le abrirían los ojos. La justicia y los hombres somos lo mismo –dijo Juan Quinto.
-¡La justicia!, dices, ¡la justicia! Esa sólo ve lo que le conviene y no se conforma con un trozo de carne; a esa puta hay que llevarle carne bastante para que coma. Ella siempre mira para otro lado y dice que es ciega; pero dice que es ciega para no mover la cabeza porque le cansa el cuello y así disimula mejor –dijo Pepa la Loba con desprecio en el habla.
-Tienes suerte que esos que siempre te acompañan no se te reviren... Si hubieses venido tú sola no tendrías tantos humos –dijo Juan Quinto.
-Los hombres que me acompañan están muertos y hombre muerto no habla. Esa es mí sentencia –dijo Pepa la Loba.
-Nos tienes manía. Ahora nos has de querer robar –dijo Juan Quinto.
-No, hombre, no, porque también tengo otra sentencia para eso. Robar es matar. Por eso yo mato a los que me roban. Hubo un hombre que me robó la virginidad cuando me violó, pero, oh, ha pagado un buen precio. Desde entonces para mear usa un canuto de madera que también usa de silbato o de pipa donde mete el cigarro.
Fuera ladra un perro.
-Sigue ladrando Pedro Chosco –dijo Juan Quinto.
-Ese no es Pedro Chosco, es el lobo que mató a mi perro Luero. El lobo está fuera con mi hija que dejó la casa de Penide donde trabajaba de casera. Ahora anda a las asaltarías conmigo y con mis doce hombres.
-¿Así qué tienes una hija? –dijo Juan Quinto.
-Una no, tengo muchas. La que está fuera y otras que viven por las comarcas de la Ulla y por las comarcas de Los Ancares. Lobas tengo muchas por el mundo. A mí los hombres nunca me hicieron ascuas. ¿O piensas que por qué haya matado unas docenas de ellos no gozo de sus favores? Yo sólo mato a los que me roban, a los que hablan de más y a los violadores. Mas a alguno que no me satisfizo bastante, también lo maté.

3

En medio de un escampado del monte brillaba una hoguera y a su lado Pepa la Loba estaba acostada en el suelo cubierta con la manta que siempre llevaba a la espalda. Al fondo, apartados de ella, sus bandoleros dormían. Parecían bultos en el suelo que apenas se percibían en la penumbra de la noche. Sería bueno leer lo que sigue escuchando: una noche en el monte pelado, de Mussorsgky.
Pepa la Loba bajo la luz de la luna recorría en sus pensamientos todas las comarcas de Galicia que anduvo como una madre coraje acarreando a sus hijas, comprando mercancías y haciendo negocio como medio de vida. Pero hubo de pagar un alto tributo por sus negocios: el hecho de ser mujer y estar sola; la violación, la crueldad de algunos hombres como paño de fondo constante que la convirtieron, poco a poco, en el prototipo de mujer fiera como el apodo que llevaba. Problema eterno, que como las guerras, de él nadie salía victorioso. (Pepa monologa.)
Pepa la Loba soy, Pepa la Loba. Pero no tengo exageradamente aguzada la dentadura y mis ojos no miran de la manera más terrible. Pero los lobos huyen de mí igual que huyen los hombres. Cuando entro en una cueva llena de lobos ellos la dejan vacía y lo mismo me ocurre con los hombres cuando entro en una taberna; ni los más fieros, como Juan Quinto, me discuten.
A veces me llaman monstruo, a veces tarasca (4); pero no soy un animal monstruoso, no, soy una mujer, una madre cariñosa. Los monstruos son los hombres. Ellos sí que son animales monstruosos con alas de murciélago que andan a las cinco patas alumbrando unos ojos terribles. Ellos se presentan violentamente, surgen de su mar embravecido y en feroces ataques devoran a las muchachas que juegan en las plazas de las villas. Pero ahora, qué risa, cuando se enteran de mi presencia, andan de un lado para otro y bufan, aullando de lejos.
Yo siempre fui mujer humana y asistente de pobres. A veces incluso me desnudo para bañarme en las aguas de las fuentes y parezco una flor que se planta al lado de los ríos para verlos marchar. Si fuera un monstruo como algunos creen que soy, sería la coca de Redondela (5) que sufrió una metamorfosis por culpa de amores desgraciados y andaría nadando por mi río de lágrimas, porque lágrimas he vertido bastantes para formar un río. Pero ese río, como el de la dama encantada, también se habría desbordado.
Muchos consideran que la suerte cambia según el carácter, pero la mía está echada desde el día en que nací. Dicen que lo semejante produce lo semejante, pero yo no me parezco a nadie. Sin embargo, siempre seré víctima de los elegidos (6) para darme caza, para matarme, pues pueden pensar que soy aquello que piensan que soy; aquello a lo que me parezco.
Ahora estoy fatigada, la noche es delirante y este rumor del viento que sucede al silencio me relaja como si fuera una piedra lamida por el agua. Para dormir pienso en torpes plumas flotando, mariposas, cabellos, hojas. También veo volar abejorros de colores y pedacitos de estrellas. Parece que en la oscuridad nada existe, pero se ven sombras y olores. En esta tierra, los techos son de agua y por la noche el cielo se oscurece de nubes y casi nunca hay estrellas, ni cielos, ni caminos. Solo delirios y ruidos. Las aguas amansan a la tierra con las garras de la tempestad y las narices de todos se llenan de un olor húmedo y casero.
Pepa detiene su monólogo para escuchar aullidos aterradores, como si los espíritus de las sombras jugaran a las caballerías. Una zorra del aire gemía, ladraba, aullaba, chillaba y sus voces recorrían todos los rincones como si fueran los cantos del bosque. Parecían surgir de debajo de la tierra, del aire, del interior de las cuevas. Otras veces, eran voces de perros, de cabras, de gatos, de cuervos, de un niño llorando, de un coro de difuntos, o de la agonía de las moscas en las telas de las arañas. (Sigue:)
El drama de mi vida podía pintarse con pinceladas de humor, pues humor sabio existe en esta tierra. Reír y a la vez llorar forma parte de nuestra manera de ser y de vivir.
Cuánto sufrimos algunas mujeres por este ancho camino de la vida. Algunas tuvimos la mala suerte de tropezar con hombres celosos, malignos y resentidos, que siempre quieren ser más eficaces que las mujeres en todo y tener más poder. Pueden aparecer como personas normales, dueños de poderes y hechizos mágicos. Para eso mean como los perros sobre el polvo que amontonan para marcar su territorio originando remolinos de polvo a los que se agarran para subir hasta las nubes y provocar tormentas en sus hogares. Ellos se nos presentan guapos para hacer buenos negocios como hacen los becerreros o tratantes maragatos, pero casi todos son pequeños y tienen tanta mierda encima que no se diferencian del carbón. Otros son como esqueletos que se descomponen con el fuego: Pero todos son iguales. Para librarse de ellos se necesitaría un lazo o una cerradura muy fuerte, un talismán como los que se emplean para conjurar a la misma muerte.
Pero hombres buenos también los hay, y aun así hay que mantenerlos a distancia y tratarlos como a los brujos si acaso nos acompañan. Pedirles las piedras del viento para que no provoquen tempestades y si les provocan que lleven los vientos en el pecho con la boca cerrada. Por eso no me gusta que hablen, ¡Home muerto no habla!
Oh, pero casi me quedo dormida; la voz del viento que pasa derrotado me ayuda a dormir. ¿Por cuántos lugares habrá pasado y huye temeroso? ¿De qué pucheros habrá salido? Oh, el camino se me interrumpe con el sueño. El día murió y la noche se hace vieja. Los pensamientos se marchitan y ahora para llegar a mañana buscaré un atajo como todas las noches; caminos que nunca son los mismos, que a veces se mudan constantemente...
Pepa la Loba, muy cansada, comienza a dormir y se presentaban otros sueños. Unos se perdían, otros eran pesadillas y otros festivales. Venía un combate o danza agitada. En m-edio aparecían voces que aturdían.

4

-Nosotros hacemos buena pareja, mujer. Es mejor que juntemos nuestros caminos. Sino yo te seguiré cómo si fuera tu sombra hasta fundirme contigo en un contraluz de gozo y tal vez cuando te encuentre estaré convertido en un monstruo, te comeré con placer y te lameré como el agua que lame a las piedras -dijo la voz del hombre en los sueños.
-Las sendas del amor me fueron vedadas y ahora ando sin rumbo a ninguna parte. Nada existe para mí, yo misma no existo. El amor para los hombres es muy ligero y ciego y no ve los caminos sino con ojos de perro o de gato. Por eso yo ando por un camino negro donde las sombras hablan –dijo la voz de la mujer en los sueños.
-¿Y qué te dicen, mujer?
-Que siempre seré una mujer maltratada y que volaré como las moscas; que me moveré por noches oscuras golpeándome contra las piedras más allá de los montes que atraviesan los ríos, y mis ojos que parecen brasas, se pondrán negros de perseguir a las nubes oscuras.
La mujer del sueño, en el sueño hace señas de marcharse y camina hacia una arboleda formando imágenes fantásticas.
-No te vayas, mujer; sabes que te perseguiré –dijo la voz del hombre en los sueños.
-E inútil que me persigas. Los caminos y los árboles se enroscarán al amanecer y ellos sacudirán la llovizna para borrar mis huellas, como si fueran árboles humanos, hembras, mujeres románticas. Personas que como las piedras ven y oyen; que tienen estómagos, ojos y manos, que respiran y que se pintan envolviéndose en carne de mujer con dulces sonrisas –dijo la voz de la mujer en los sueños.
-Pero algún día, cuando el rumor suceda al silencio, caerás fatigada y aparecerás flotando en algún río como torpe pluma de mariposa; o quedarás al lado como una ortiga, como un cabello en medio de los colores envuelta en sangre y en trozos de estrellas y tendrás que vivir en una cueva, impresionada y estornudando veneno como las serpientes, odio que llevas contra nosotros, los hombres. Veneno que desparramarás por los arroyos mensajeros que por todas partes fluyen.
-Pero seré más feliz y echaré fuego por la boca para quemaros las pestañas. Las Chispas parecerán piedras preciosas que bajan del infinito y del oscuro vendrán otras serpientes que formarán a mi alrededor un equipo de guardia y escucharás el eco del corazón de las lobas.
Negro destino es el tuyo, mujer.
-De cadenas.

5

Juan Quinto acompañado por el Navajas visita a sus tres ahijados en la casa de Antón de la Devesa cuando éste está ausente. Se sientan a una mesa y los sobrinos les sirven unos chuscos y una jarra llena de vino. Los hijos de Antón están sucios pálidos con abundante costra en el pelo. Sus camisas son de varios colores de suciedad y sus pantalones hasta debajo de las rodillas están atados por un cordel.
-Tienes que darle un escarmiento a tu compadre. A tus ahijados los mata a palos cuando le piden de comer. Sólo tiene tiempo para andar con las amantes -dijo el Navajas.
-Déjalo de mi cuenta que ya sabré darle un escarmiento –dijo Juan Quinto.
-Ay, padrino, Dios le pague lo que hace por nosotros. Estamos solos, que hasta mi madre pasa los días escondida y llorando por los disgustos que mi padre le da -dijo el ahijado uno.
-Si yo pudiera con él lo mataría como a un cerdo –dijo con mucha rabia el ahijado dos.
-Anda, hombre, déjale eso al padrino –le dijo el ahijado tres al ahijado dos.
-Vuestro padre es como el demonio mayor. Anda como un espíritu amador detrás de las mujeres jóvenes, tiernas y sabrosas –dijo Juan Quinto.
-Es un cobarde –dijo Navajas.
-Para él los días siempre son claros, calientes y perfumados y en esa atmósfera se apoderara de él un deseo loco de fornicar. Anda por el mundo como los peces por el río, ágil y liviano, rebotando de mujer en mujer como pluma sin peso –dijo Juan Quinto.
-Le pudimos mandar a aquella pastora que se llamaba Pepa la Loba –dijo el Navajas.
-Las doncellas piden ayuda y nosotros tendremos que ayudarlas. Muchas son hechizadas prometiéndoles matrimonios sagrados como los de la vegetación y el agua. Pero ellas casi siempre salen defraudadas. Los hombres a veces somos como dragones, grandes cómicos y mentirosos, serpientes de muchas cabezas, monstruos que llegan cruzando el mar hasta una isla mezclados entre los Jins o los genios rebeldes de las Mil y una noches en barcos con apariencia de lámparas encendidas. Nosotros somos como los habitantes de esas islas, y cuando vemos llegar el barco cogemos una doncella, la acicalamos y después la conducimos hasta la orilla dejándola desolada toda la noche, cerrada en una caverna con una sola ventana. Cuando vamos por la mañana la encontramos muerta y sin virgo –dijo Juan Quinto.
-Pero eso suena a cuento de hadas y en todos los cuentos hay un héroe que siempre salva a las doncellas –dijo el ahijado uno, que también era el de más edad.
-Se han escrito en muchas historias en las que un opuesto joven mata al monstruo y recibe la mano de la doncella como premio. Pero eso sólo es en los cuentos, pues en la realidad el opuesto joven puede ser un dragón que se come a la doncella como premio y se acaban las peleas –dijo Juan Quinto.

6

Más tarde, Antón de la Devesa entra en su casa cargado de vino presentándose una escena de violencia. Detrás de una puerta Juan Quinto con un garrote en la mano aguarda por él. Los hijos huyen y permanecen afuera escondidos.
-¿Quién eres tú?, no te reconozco –dijo el beodo.
-Un cocodrilo gigante y con alas a punto de trabarte los dientes para hacerte pagar lo que les estás haciendo a mis ahijados y a su madre.
-Oh, ¿pero tú de qué lado estás? ¿Por qué nos hemos de pelear tú y yo? Si me matas la justicia me ha de vengar.
-No me hagas reír. Yo para la justicia son un dragón y sus flechas sólo me rozan la piel y me hacen cosquillas. Soy un bandolero, pero no soy un cabrón. Yo nunca me dejé guiar con ese hábito que tú te guías con las mujeres. Y con la justicia tengo muchas cuentas que arreglar; una más poco suma. Si esto te ocurriera con Pepa la Loba ya no tendrías esta conversación. A ella no le gustan los hombres que hablan mucho.
-¿Ahora te has convertido en defensor de las mujeres maltratadas? Serás el hazme reír de todos los que te conocen y de los otros también.
-Estoy harto de que para mantener mi posición de macho me ofrezcan una víctima cada mes. Los jueces y los políticos son los primeros verdugos de las mujeres maltratadas y yo no quiero ser como ellos. Estoy harto de que me den las quejas y que se enfurezcan conmigo porque con mi silencio ayudo a despoblar la tierra por no izarme contra los abusos. Oyendo decir, mismo a la justicia, que eso no es verdad, que las mujeres se aprovechan de los cuentos y de las invenciones de los hombres. Todos dicen que son cuentos de hadas, habladurías, leyendas, fábulas, cascarillas, puras invenciones.
-¿Pero qué sería de los cuentos de hadas si de vez en cuando no se sacrificara alguna doncella casada o soltera?
-Tú cuentos de esos no volverás a oír –dijo Juan Quinto arreándole a Antón de la Devesa un garrotazo en la cabeza, dejándolo medio muerto tirado en el suelo.
Pronto entran los hijos de Antón y sale Juan Quinto con el garrote manchado de sangre en la mano y los hijos, en una violenta escena, rematan a palos al padre en el suelo hasta matarlo de todo.
-Ahora vas a ser bueno y si vuelves del otro mundo te cortaremos la lengua para que no vuelvas a reír ni hablar. Hombre muerto no habla –decían.
-Perdisteis un padre que contaba miserables cuentos viejos y no era ni sabio ni filósofo, artista loco o genio... Ahora corred como si fuerais a la caza del amor. Daos prisa porque la justicia os aguardará mismo en la salida de las cuevas; ella es hábil en el camuflaje y se esconderá bien. Si ella es descubierta, premiará a quien os cace. Pero si queréis matar y no tener problemas con la justicia, matad a una mujer.

Canta un ciego:
Aquí remata la historia
De una mujer maltratada
Llamada Pepa la Loba
Espero que les gustara.



NOTAS:
1. Raza de pequeños pobladores de lugares como castros y sepulcros megalíticos. En Galicia hay noticias de ellos en el Valle del Oro. Acostumbraban a juntarse todas las noches en la corona del castro de Bacoi. Mantenían relaciones con los humanos. Uno de ellos fue el que asustó a Benjamín en la Fuente de los Quejigos, en Abeledo. Un hombre llamado Benjamín sintió como una orquesta tocando debajo de la tierra -Oh, ¡qué el diablo me coma! -dijo-. ¿Y esto? En ese mismo instante cesó la música y salió a la superficie un enano que se encaró con el hombre. El pobre Benjamín tuvo miedo y se marchó, pero el enano lo persiguió un tiempo hasta que se cansó. Benjamín siguió corriendo, cegado por el miedo, pero oía los gritos desesperados del enano: -¡Ay, hombre, si me esperaras y hablaras conmigo, me podías desencantar, pero así...!
2. Un rey mouro extranjero pretendía a la hija del rey de Reirís, que era buena y servicial, pero ella no lo quería. Tampoco su padre, pues el mouro era, en efecto, un mouro, o sea, de piel oscura y gentil, y además meigo, como todos los mouros. Entonces el extranjero se vengó provocando un cataclismo que inundó para siempre la ciudad, pero él llevó su castigo y quedó convertido en Buey Bramador. Según algunos la princesa sobrevivió como sirena y puede oírse su voz en algunas ocasiones. Hay un Buey Bramador en Inglaterra que fue un mal hombre que provocó temblores de tierra, fue capturado y está bajo las aguas del mar. El Licenciado Molina habló de nuestro buey en 1550 (Esta es una de muchas historias que existen en Galicia sobre este personaje mitológico.)
3. Pedro Chosco tiene figura de hombre de barba blanca, de maneras dulces y voz grave. En Galicia aparece por las noches adormeciendo a las criadas de servir cantándoles suavemente.
4. Tarasca o coca de Redondela. Es un animal monstruoso con cuerpo de dragón y cola de serpiente, que vive en las aguas del mar o de los ríos. Le nacen a la espalda dos alas grandísimas, en todo semejantes a las de los murciélagos. Tiene cuatro patas armadas en forma de garras, y en su feroz cara alumbran unos ojos terribles, sobre una enorme boca de con aguzada dentadura. El nombre de Coca procede de cocodrilo, interpretado como cobra. Así se concibió una serpiente fantástica. La Cocadrille francesa es una serpiente acuática que ataca al ganado. También se relaciona la Coca con el mito de Leviatán e con los mitos prerromanos de serpientes y dragones.
5. Tarasca que sufre una extraña metamorfosis. Primero es una doncella que llora por amores desgraciados. De tanto llorar le surgieron alas. Quiso volar y no pudo porque al mismo tiempo le surgió una larga cola. Sus labios se transformaron en una horrible boca de reptil y sus lágrimas formaron el río Alvedosa que remató por arrastrarla al mar.
6. Los vecinos de Redondela eligieron en asamblea a los veinticuatro hombres más fuertes y valerosos, con la encomienda de atacar a la tarasca en su próxima aparición.
Piñeiro, Vicente
Piñeiro, Vicente


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


Editorial

Axudas para superar a crise : Todos agardan axudas, porque todos as necesitan. Nesta crise que...
BUSCADOR


AGENDA
Agenda de Galicia Digital
PUBLICIDAD
  • Agenda de actos.
  • Teléfonos de interés.
  • Crea tu agenda.
PATROCINIO
Diputación de Lugo
Diputación de Ourense
PUBLICIDAD
WEBS DE GALICIA
Promoción Webs
FOTOGRAFÍA
Certame Muralla
PUBLICIDAD
Deputación de Lugo
PUBLICIDAD
Rueda Rueda
PUBLICACIONES
Publicaciones
Publicaciones
Publicaciones
Ranking Alexa
ALEXA
Para navegar más eficazmente:
Alexa
más información